Lo del eclipse
Pues oye, que resulta que todo lo del eclipse ha sido una conspiración del Pedro Sánchez para hacer de cortina de humo por qué se sabe qué. Que eso de la insistencia del gobierno en que miremos al cielo es para dejarnos ciegos, o para abrir portales a dimensiones oscuras, o para reprogramarnos el cerebro con pulsos de luz.
Que lo de mirar p’arriba está de más, que lo suyo es que nos hubiéramos quedado todas en casa y no ser borregas de mierda que nos dejamos llevar por una lucecita allende los espacios.
Que qué tontas somos, por diosa.
Y yo, de mientras, en Zaragoza, rodeada de frikis de medio mundo que debe ser que siguen a Pedro Sánchez en redes sociales —todo es posible, al menos Pedrín sabe inglés—, porque lo de hacerse viajes para presenciar el eterno baile de las esferas, que dijo Spock en aquel episodio de los Simpsons, pues es bastante tontería.
Tú me dirás, qué carajos hago yo en Zaragoza mirando tras unas gafas recién importadas de quién sabe dónde, y haciendo fotos sin filtro porque soy demasiado tiesa para ir gastando en cristales caros.
Pues mi amigue Alon1, que tenía que pasar por Munich para temas de trabajo, se pilló una escala en Madrid específicamente para recogerme en Atocha y llevarme a ver a Selena darse un paseíto delante de Helios, por qué no.
Desayunamos por la mañana cerca del Reina Sofía, para que no tuviéramos que andar demasiado hasta Atocha y perdiéramos el tren. Elle, un típico desayuno americano —huevos, bacon, etcétera, para qué arriesgar— y yo tostadica de tomate y jamón porque estaba sintiéndome magnánima conmigo misma.
Pillamos nuestro Iryo y llegamos a la estación de Delicias, de donde casi no nos movimos. Miró con su ojo de experte —ya es su tercer eclipse total— y dijo que el parque justo frente a la estación era perfecto. Ahí nos quedamos, y no solas, ojo. Que allí ya había canadienses, franceses, neoyorquinos, un par de chinos y una muchacha venida de las islas británicas.
Alon, tode feliz de verse rodeade de frikis de su cuerda, empezó a hablar con los autodenominados eclipse chasers, y yo me uní porque claro, eclipses no había visto ninguno, pero a labia no me gana nadie.
Poco después, viendo que lo único disponible en la estación eran sándwiches a precio de oro, agua fría a precio de tinta de impresora y baños “públicos” a euro2, me puse a mirar por Google Maps y descubrí que había un centro comercial no demasiado lejos. Dejé a Alon con sus nuevos amigos y me pateé la distancia.
Mira que estaba sintiéndome magnánima conmigo misma, pero al final acabé comiendo el menú del día del bar de Carrefour. Dejaba muchísimo que desear, pero al menos eran 7 pavos, y no los 48 euros del Menú Especial Eclipse del único restaurante de la zona.
Luego dicen que no nos gusta ir de bares, pero algunos hosteleros todavía no han descubierto que el cuchillo se utiliza para la carne, no para dar puñaladas traperas. Tsk, tsk.


Luego de comer y gastarme más dinero3 del que tenía planeado —jajaja, soy pobre— me volví con agua fría del Carrefour a estar con los cazadores de eclipses.
Me tomé un par o dos de cafés, hablando con gente y resguardándome de la solana en la estación, conociendo a una chica bastante interesante en el camino.
Y ya tocó hora de salir.
El puñetero eclipse
Como ya comenté antes, no pude comprarme el filtro solar para la cámara. Se iba muy por encima de mi presupuesto, y todavía tengo muchísimo que ahorrar para poder quitarme la deuda pendiente del mes que viene.
Así que hice lo que mejor se me da.
Fotos de gente reaccionando al puñetero eclipse. Y aquí os traigo unas cuantas, porque me sigue gustando compartir lo que hago.


Pues nada, chica. Calor, mucha calor. Mucha gente de todo el mundo, viniendo con alegría a ver bailar los astros. Gente aplaudiendo no porque haya que aplaudir al sol, sino porque es la forma más sencilla de compartir emociones con los que te rodean.
Y en ese momento, todas fuimos una.
Más fotos en Google Drive. Seguidme en Instagram y soltad lo que queráis en https://revolut.me/larasantaella. Sin presiones.
La personica no-binaria que me llevó de crucero por el mediterráneo, historia que aún tengo que terminar de contar porque estos días estoy siendo un desastre.
Pretty pissed off that I had to pay to piss, if you know what I mean.
Vi unas Puma de oferta por 29 pavos, y parecían llevar la bandera sáfica en el lateral. Quién soy yo para negarme.







